15.01.2009
Opinión:
Autor: Mario Ablin
La confrontación armada en la Franja de Gaza debe conducir al descalabro del régimen fundamentalista de Hamás, sin perder por ello las limitaciones morales que deben condicionar la lucha: limitar al mínimo las víctimas civiles entre la población palestina. Paralelamente a las acciones militares Israel debe montar un amplio operativo humanitario para aliviar el sufrimiento de los no combatientes.
Según Sigmund Freud, el "instinto de muerte" hace las guerras inevitables. En el caso de Israel, es el "instinto de vida" el que nos obliga a tomar las armas para defender nuestra sociedad de la agresión del fundamentalismo islámico de Hamás.
Las raíces de la situación actual deben buscarse en un conjunto de decisiones equivocadas tomadas en los últimos años por el Gobierno israelí, durante la gestión de Ariel Sharón y luego de Ehud Olmert. El error inicial fue permitir, cediendo a la presión de Estados Unidos, la participación del movimiento Hamás en las elecciones convocadas por la Autoridad Palestina en el año 2006. Otro desatino fue ordenar la retirada del Ejército israelí de la franja Filadelfia, que es el límite internacional que separa Gaza de Egipto, renunciando así a controlar el movimiento de personas y eventual contrabando de armas por parte del régimen islámico de Hamás.
El sistemático acoso de las poblaciones israelíes cercanas a la Franja de Gaza registrado en los últimos años provocó, finalmente, la reacción de Israel. En la primera semana de enfrentamiento armado, la aviación israelí destruyó la casi totalidad de la infraestructura física del régimen "Hamastán". A pesar de ello, los islamistas palestinos continúan disparando cohetes balísticos sobre ciudades de Israel, ampliando su alcance a un radio de 40 kilómetros que llega a abarcar las ciudades de Ashdod y Beer Sheva.
Después de agotada la primera etapa del enfrentamiento, está en curso una vasta acción militar terrestre destinada a desbaratar el aparato militar de Hamás, con un alcance y profundidad que no pueden ser alcanzados sólo desde el aire.
Los combates, que se llevan a cabo en el medio urbano súper poblado de la Franja de Gaza son difíciles y peligrosos para las fuerzas israelíes .Se trata de descubrir y neutralizar a los grupos terroristas de Hamás, los cuales se escudan y ocultan entre la población civil.
El escenario de la batalla exige la lucha cara a cara, el registro sistemático de edificios, túneles y otros escondites posibles, el desplazamiento de fuerzas de infantería con apoyo aéreo y ayuda de tanques; todo ello en un territorio reducido y altamente poblado.
En esas condiciones, en las cuales la guerrilla islámica se oculta entre la población, se hace casi inevitable causar daño involuntario a la población civil, ya sea por la destrucción de viviendas e infraestructura urbana básica como por bajas humanas.
Un claro ejemplo de la irresponsable conducta de Hamás hacia la población civil lo constituye el incidente en cuyo transcurso fueron disparados morteros desde la escuela Fakhura, centro de UNRWA donde se refugiaban centenares de personas. A resultas del ataque, las fuerzas israelíes respondieron el fuego con el lamentable resultado de numerosas víctimas civiles.
Indudablemente, el conflicto armado provoca un marcado sufrimiento a un amplio segmento no combatiente de la población palestina: víctimas mortales, heridos, destrucción de infraestructuras, daños a la propiedad, desplazamiento de poblaciones.
En el Talmud está escrito que "quien es compasivo con el cruel, terminará finalmente siendo cruel con el inocente''.
El Estado de Israel, en cuanto Estado judío y democrático, debe librar la batalla contra el terrorismo fundamentalista islámico con decisión y coraje, sin escatimar el castigo a los crueles, pero sin perder por ello la proporcionalidad de sus acciones respecto a la población civil no involucrada en forma directa en la lucha armada.
El tema del fin y los medios encierra un dilema moral de larga data y se reactualiza siempre en contextos cambiantes. A título de ejemplo, en la historia de América Latina este dilema se encuadró muchas veces en el marco de la antinomia "civilización y barbarie", fórmula que internalizó la visión europea clásica que acompañó la expansión del "mundo occidental" sobre la periferia.
Desde un punto de vista historiográfico afín al "choque de civilizaciones'', según el modelo conceptual del recientemente fallecido Samuel Huntington, pensamos que también en el caso del enfrentamiento de Israel con el fundamentalismo islámico, ya sea en la vertiente de Hamás, Hezbollah, Al Qaeda o Irán, estamos ante una renovada antinomia de "civilización y barbarie".
El sionismo y el Estado de Israel constituyen una avanzada del mundo occidental y democrático, del mundo civilizado, frente a una coalición de movimientos islámicos de vertiente terrorista y violenta (los cuales no pueden ser identificados como la única cara del Islam) que representan la barbarie, en su versión contemporánea.
La lucha contra la barbarie debe llevarse a cabo con coraje y sin concesiones en los terrenos concretos donde el terrorismo islámico despliega sus garras amenazadoras. Para nosotros en este momento, el oponente es el movimiento Hamás y el lugar de la confrontación es la Franja de Gaza.
Unamuno decía: "Yo no me defiendo jamás, ataco. No quiero escudo que me embaraza y estorba, no quiero más que espada". Para Israel, éste es sin duda el momento de la espada, el desafío es tratar de utilizar siempre esa espada de acuerdo a un claro código moral.
En ese sentido, el Estado de Israel debería impulsar, paralelamente a las acciones militares, un amplio programa de acción humanitaria destinado a aliviar el sufrimiento de la población palestina no combatiente. Ari Shavit, destacado periodista, publicó una exhortación a la cual nos adherimos. Propone que Israel abra de inmediato varios hospitales de campaña en las zonas aledañas a la Franja de Gaza, contribuya a reponer el equipamiento médico más urgente de los hospitales de Gaza y permita que los heridos más graves sean trasladados a hospitales de Israel.
Shavit escribe al final de su artículo: "Solamente una inciativa humanitaria decidida y amplia mostrará al mundo y también a nosotros mismos, que en Israel estamos comprometidos con los valores morales y universales. Solamente una inciativa humanitaria inmediata y generosa mostrará que también en momentos de una lucha cruel que se nos ha impuesto, nosotros somos conscientes que del otro lado también viven seres humanos''
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