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lunes, 17 de mayo de 2010

Día Internacional contra la Homofobia.

Cada vez que me voy aceptando más, cada vez que descubro que hay mucha gente en el mundo que lucha día a día en la tarea de lograr la igualdad entre todos los seres humanos, cada día me voy dando cuenta que salir del armario, al menos para mí, es el seguir un camino y tomarlo con el corazón; es no tener miedo, es no seguir mintiendo, es ser lo que realmente soy, es amarme y entender que soy un ser que merece ser feliz.

Desde acá mis infinitas gracias a todos esos seres que han luchado por hacerme el camino más fácil y por entender que nadie está por uno, sino es uno mismo.

Muchas veces he visto a heterosexuales que son agresivos y de esa manera demuestran ser homófobos, muchas veces he visto como muchos homosexuales han reaccionado a esa agresión con la misma moneda, y en mi fuero interno me digo que no es siendo agresivos como lograremos la igualdad por la que luchamos; siento que la mejor manera de demostrar que los homosexuales somos seres que tenemos moral - entendiendo como moral lo que verdaderamente es bien o es mal - es esforzándonos por ser seres extraordinarios, seres que se superan día a día por vivir una vida de manera honrada, demostrando que somos seres que sabemos ser mejores en relación a nosotros mismos, trabajando por lograr el equilibrio entre nuestra parte racional y nuestra parte emocional, y desde ese equilibrio lograr el punto perfecto desde el cual entregamos Luz, Luz demostrada en hechos concretos e irrefutables.

Vivir con la frente en alto, sabiendo que estamos aquí en este mundo y que podemos ser parte de lo bueno, de la alegría, de los valores practicados desde el saber y el ser y, por sobre todo, entender que esos valores deriban del entender qué, o mejor dicho, Quién es el Amor.



Día Internacional contra la Homofobia.

sábado, 24 de abril de 2010

Explicación científica del amor...

y ojo con ellas!!!



Es el cerebro, y no el corazón, el que hace que nos enamoremos.

El amor es química.

De pronto, en una fiesta entre la multitud descubres al hombre de tu vida. Lo sabes porque el corazón se te sale del pecho, las rodillas te tiemblan y en el estómago revolotean mariposas. Pero olvídate de que haya sido obra del destino. Esto se lo debes a la química cerebral... Un panorama nada romántico.

Una simple mirada, un roce casual a una voz penetrante, puede hacer saltar la chispa del amor. Transpiración excesiva, palpitaciones cabalgantes o sonrojamiento constante así nos lo hacen ver. Pero, ¿nunca te has preguntado por qué estas manisfestaciones son similares a las que tenemos cuando padecemos de estrés? Pues los científicos sí se lo han planteado y han averiguado el porqué. Han desptripado la esencia del amor y con ella han eliminado toda visión romántica, fortuita y casual de este sentimiento. Han reducido los temas del corazón a meros números y ecuaciones bioquímicas, convirtiendo al cerebro en el gran protagonista del amor.
Y es que ya lo decían nuestras abuelas: "Más vale tener cabeza para el amor que corazón".

La dopamina, causante del enamoramiento.

Investigadores de la Universidad de Rutgers, de Nueva Jersey (EE.UU), han realizado recientemente un estudio sobre la esencia del amor. Es decir, ha determinado los mecanismos internos que se desatan cuando nos enamoramos. Para ello, se estudiaron los cerebros de 17 hombres y mujeres que se encontraban en fase de enamoramiento. El experimento consistía en la muestra de fotografías de los "seres amados". Después de distraerlos con varias tareas, les mostraron imágenes de personas neutrales. ¿Resultado?:
Se produjo un aumento en la actividad de las áreas del cerebro relacionadas con la energía y la euforia, en el lado derecho, donde se concentran niveles más altos del dopamina.
La dopamina es la sustancia que produce sentimientos de satisfacción y de placer y, por lo tanto, la causante del enamoramiento.
Otros investigadores, como Michael Liebowitz, autor de Chemistry of Love, y Anthony Walsh, autor de Science of Love: Understanding Love and Its Effects on Mind and Body, además de la dopamina también han identificado otras dos sustancias químicas causantes del amor: feniletilamina y oxitocina.
Y es que, romanticismos fuera, el amor apasionado únicamente se reduce a la producción de estas tres sustancias químicas del cerebro.

Las etapas químicas del amor.

Reducido el amor a sustancias químicas del cuerpo, la Dra. Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers y autora del libro The Anatomy of Love, divide en tres la etapas del amor.
Lujuria: Predomina la testosterona, por lo que prima el deseo de sexo.
Atracción: Predomina la oxitocina y la vasopresina, por lo que se evoluciona hacia una relación apacible, duradera y segura.
Mantenerse en las dos primeras etapas del amor es el gran reto de cualquier pareja.

Mujer emocional, hombre sexual.

Que las mujeres son diferentes a los hombres, eso no cabe la menor duda. Y que en el amor sentimos de diferente forma, también lo sabemos. Pero, para que no hubiera ninguna incertidumbre, los científicos nos lo han demostrado empíricamente. El estudio de Rutgers encontró que, mientras que los cerebros femeninos mostraban respuestas más emocionales frente a los mismos estímulos, los cerebros masculinos revelaban actividades en áreas más relacionadas con la excitación sexual. Y es que en ellos aún perduran con arrigo las conexiones primitivas que condicionaban el enamoramiento a la necesidad de la reproducción.

Enfermos de amor.

Gracias (o por desgracia) a los científicos, la expresión becqueriana "enfermo de amor" deja de ser un mero recurso metafórico para convertirse en una realidad. La falta de apetito, el insomnio, las obsesiones, la falta de concentración, etc. causadas por un amor obsesivo, nos vienen a demostrar que algo no marcha bien en nuestro cuerpo.
Para la Dra. Donatella Marazziti, psiquiatra de la Universidad de Pisa (Italia), las personas "enfrmas de amor" realmente están enfermas. ¿Diagnóstico? La pasión tiene las mismas reacciones que el trastorno obsesivo compulsivo. "Ambos estados están asociados a bajos niveles cerebrales de serotonina, una sustancia química fabricada por el cuerpo que nos ayuda a lidiar con situaciones estresantes", afirma la doctora.
La doctora va mucho más allá, afirmando que las bebidas alcohólicas también disminuyen los niveles de serotonina en el cerebro, creando la ilusión de que la persona que se encuentra en la otra punta del bar es el amor de tu vida. Ahora entendemos por qué el príncipe de nuestros sueños que conocimos en el bar de moda se convierte al día siguiente en una rana verrugosa.

Debido a un incremento de endorfina, la pasión del primer momento se transforma gradualmente en sentimientos más emocionales y afectivos.

Pasión con fecha de caducidad.

Si se ha conseguido medir el amor a estos niveles, es fácil suponer cuándo se acabará la pasión. Según la profesora Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell, en Nueva York (EE.UU), "los seres humanos se encuentran biológicamente programados para sentirse apasionados entre 18 y 30 meses".
Después de entrevistar a 5.000 personas de 37 culturas diferentes, llegó a la conclusión de que la pasión tiene fecha de caducidad. Biológicamente hablando, este tiempo de vida es lo suficientemente largo para que la pareja se conozca, copule y tenga un niño.
De nuevo, el culpable es el cerebro. Y es que desarrolla una tolerancia especial a la feniletilamina, que hace que el estado de excitación y euforia disminuya con el tiempo. La locura de la pasión del primer momento se desvanece gradualmente en favor de sentimientos más emocionales y afectivos, gracias a que aumenta el protagonismo de otra sustancia química: la endorfina.
Parecida a la morfina, tiene la cualidad de generar una sensación de seguridad, tranquilidad y paz. Y esto es lo que nos hace mantener relaciones por largos años... quienes logren adecuarse a los nuevos cambios.

Más allá de la química.

Pero, a pesar de todas estas investigaciones y descubrimientos, los científicos todavía no han conseguido averiguar por qué se modificaron nuestros genes. El momento de la evolución en el que el amor se dejó de asociar con la procreación, y hombres y mujeres dejaron de verse como meros instrumentos reproductores para adentrarse en los avatares del mundo del corazón.
Y es que, por encima de tubos de ensayo, sotisficados laboratorios y complejas reacciones químicas, hay algo más allá capaz de convertir el amor en un sentimiento tan especial.



sábado, 10 de abril de 2010

Mi talón de Aquiles.

Todos tenemos una parte de nosotros que es nuestro punto débil.

La leyenda de Aquiles, hijos de dioses y mortal, cuenta que su madre para dotarlo de inmortalidad le sumergió en un río, pero que esta lo sustuvo del talón derecho y en ese punto el guerrero tenía su punto vulnerable.

Creo que para hacernos fuertes tenemos que tener claro cual es nuestro punto débil, conocerlo para ir reforzándonos.

Con lo ambiguo que soy, creo que debo tener claro aquello, para no terminar como el héroe griego, tendido y muerto en el campo de batalla. Hay momentos en los que me siento muy seguro, pero me da miedo ser yo mismo; sé que soy tierno y es mi naturaleza, más me demuestro huraño ante las personas, siento que mi punto débil es mi ambigüedad.

Creo que a mí, al parecer, sólo me sumergieron el corazón, ese es mi punto más fuerte. Y no estoy hablando precisamente del órgano que bombea la sangre que corre por mis venas, ese 7% del peso de mi cuerpo...

Tal vez, por regla general hay para reforzar una carga buscando los puntos débiles y así viajar seguros. En este último tiempo, aunque sin descuidar la otra, pongo más atención a mi parte fuerte.

Bueno, pero no era de esto lo que quería hablarles.

Hace como cinco años atrás comencé a sentir un pequeña molestia en el talón; al momento de estar sentado mucho tiempo y querer pararme, al estirar el tendón me dolía, no le hice caso por un buen tiempo pero llegó un momento en que no pude más del dolor y me fui al médico, me mandaron a un ortopeda el cual no logró entender qué me pasaba, mis descripciones del dolor y de la zona en que me dolía no fueron suficientes antecedentes para que el médicucho ese, pudiera darme con certeza algún diagnóstico.

Pasaron los meses y el dolor era más agudo que nunca, pasé de un médico a otro, ninguno de sus diagnósticos "daban con la tecla", el dolor continuaba; pasaron dos años hasta que llegué a un ortopeda árabe y se notó enseguida que este médico sí sabía lo que hacía y qué preguntar; con decir que fue el único de los cuatro doctores que a los que había visitado que se paró de su escritorio para exáminar mis pies, el señor árabe tocó los puntos exactos para deterninar que mis dolencias y padecimientos derivaban de una "Tendinitis en el Talón de Aquiles", en ambos pies.


Otro día les cuento más detalles de lo que fue empezar con dolores en mi tendón ( de Aquiles), o más que de los dolores en sí, de "la odisea" de hallar una respuesta concreta; porque aquí sólo les cuento el comienzo de una de las etapas más duras que me ha tocado vivir.

Otro día les cuento "de lo humana" que se vuelto la medicina tradicional (por no decir los médicos), porque tres doctores no supieron, por dos años de mi vida, qué era lo que tenía en mis pies, porque este es sólo resumen del comienzo.

La canción va porque esos medicuchos, me trataban muy "impersonalmente" y me pedían "sablanut" (paciencia); ante su ignorancia me pedían que me relajara, con sus caras de "indolentes" me decían: "Relájate, (Tomatelo con calma)".

Pará Adumá por el Mundo.