martes, 19 de marzo de 2013

Después de la tormenta...


La libertad no tiene su valor en sí misma: hay que apreciarla por las cosas que con ella se consiguen.
Ramiro de Maeztu.


Verte cruzar la puerta, observo que miras todo a tu alrededor como reconociendo el departamento, lo primero que haces es darme tu sonrisa y abrazarme fuerte con tus brazos fuertes. Pensé que estarías más delgado de lo que te vi la última vez que te fui a ver allí en el encierro. Me agradeces por la ayuda otorgada, me dices que te sacas el sombrero ante mi y que sin mí no hubieses salido de esta, te quedas callado y te pregunto cómo estás, tu respuesta es confesarme tus miedos, en paralelo me preguntas por mi vida en este último año... y te voy contestando mientras tú continuas con tus confesiones, parecen ser dos conversaciones distintas, pero son la misma.

Vuelvo a darte mi palabra de que no estás solo en el mundo, que en mí has encontrado más que a un amigo a un hermano y que puedes quedarte en mi hogar hasta que puedas con tus propios medios conseguir el tuyo. 

Vamos poniendo los platos en la mesa, las copas y el servicio, no alcancé a poner la mesa, pero la comida huele bien; miras por la vidrio del horno y me vuelves a mirar con tus ojos agradecidos; te he preparado lo que me habías pedido comer cuando te liberaran.

Seguimos conversando, me sigues confesando tus miedos, pero además vas agregando tus nuevas esperanzas, me alegra saber que tienes planes y que vas a luchar por ellos, me dices que estás triste que sientes una gran pena, que hoy se mezcla con la felicidad de estar "fuera", pero que no sabes si reír o llorar en esta fecha, entonces te digo que estás en una etapa de duelo, de haber perdido tu familia; me dices que no la has perdido, no entiendo esa última frase y  notas que cavilo; te acercas a mi y vuelves a abrazarme fuerte con tus brazos fuertes.

Haces un brindis, levantas la copa y me deseas felicidad, también para ti deseas felicidad.
Lo mismo deseo y levanto la copa.

Notas en mis ojos que estoy emocionado y preguntas con los tuyos que qué me sucede, te digo que en la vida todo lo que vives en algún momentos lo has pensado y ahora se hace presente, te cuento que este último año pensé muchas veces en esta cena y ahora se hace presente...

Te hago saber que lo que importan de lo que pasó es haber aprendido las lecciones, me confiesas que para ti ha sido una gran bofetada que la vida te ha dado, pero que la tomas bien, aunque duele, porque ha sido un llamado de atención, que ahora entiendes qué hiciste mal, que sin ese golpe no hubieses entendido nada, que el encierro te ha servido para entender muchas cosas, cosas que me irás contando esas cosas, pero ahora sabes que harás las cosas bien.

Creo completamente en que así será.

Ya estás en casa, querido amigo, eso me alegra y te lo hago saber, mientras te digo que el ser feliz no tiene que ver con que siempre estemos alegres, que la felicidad se puede experimentar aun en los momentos en los que hay problemas, que la magia de vivir está en apreciar el momento y sentir que aún estamos vivos.

Te confieso que todo está bien, que hay que darle tiempo al tiempo y te digo aquella frase de que después de la tormenta siempre sale el sol.



Pará Adumá por el Mundo.