jueves, 1 de octubre de 2009

Día Internacional del Anciano.

Hace un tiempo atrás tuve la suerte de trabajar en un hogar de ancianos y así conocer más de cerca lo que es vivir la tercera edad.

En ese trabajo descubrí que ser anciano es como volver a ser niño, en el sentido que tienes que ser cuidado, atendido, ya que no siempre puedes valerte por ti mismo.

Descubrí que es una etapa difícil, en la mayoría de los casos,porque no es fácil entender que ya no te responden los sentidos como lo hacían antes y no siempre recuerdas que ya no tienes veinte años; esto porque tu mente, en la mayoría de los casos, sigue funcionando tan rápida como entonces, pero descubres que mientras ella corre, tus pies no lo hacen acorde a tu mente.

Descubrí que es una etapa larga donde, en la mayoría de los casos, tienes el tiempo de tu parte y siempre te faltarán cosas por hacer, verás que comienzas un tejido y luego otro y parece que el tiempo no corre; entonces tendrás tiempo para una siesta y si no consilias el sueño, tendrás tiempo para pensar, seguramente para reflexionar sobre tu vida y hacer un fuerte balance de lo que hiciste con ella.

Habrán días en los que esperarás que tus hijos te vengan a ver, mirarás la puerta a cada instante; no te harás mucha ilusión, incluso mostrarás que no te importa tanto el que vengan o no, pero en el fondo de tus ojos los demás podrán notar que hay cierta ansiedad. En algunos casos antes de terminar el día verás cruzar por la puerta a tus hijos e incluso a tus nietos, serás feliz por unos instantes y te quedarás con el calor del cariño sincero y los besos dados porque te lo mereces. En otros casos, tal vez y con suerte recibirás un llamado telefónico, cerrarás el teléfono sintiendo que a esta altura de tus años, sólo cuentas contigo, por lo menos esos creerás en tu fuero interno.

No puedo dejar de nombrar a algunos de los viejitos que conocí en ese hogar de ancianos: Yakob, Benjamín, Rajel, Felix y Martha, Mijael, Estela y Bertha. A los lectores del blog, lo más seguro es que poco importa si nombre a Pedro o a Pablo, mas tras escribir esos nombres veo los rostros de "mis viejitos" y es a través de sus nombres que quiero saludar a todos los ancianitos.

2 comentarios:

Malacay dijo...

En Colombia en mi época no se si aun lo hagan teníamos que hacer algo así como trabajo social a mi me toco en un "ancianato" y bueno confieso que tenia muchos prejuicios pero la verdad es que fue una experiencia encantadora

Teresa dijo...

Me encantó tu entrada! Gracias por tu reflexión!! A lo largo de mi vida he trabajado en varias ocasiones dando clases de Taichi a los ancianos, con el corazón abierto y atento. Siempre he recibido de vuelta mucho cariño y grandes enseñanzas.
Los ancianos son sabios niños, algunos con una fuerza de vida, voluntad y capacidad de disfrute tan imparable que ya la quisiéramos algunos de nosotros. Y otros están más vencidos por la vida o el dolor que han sufrido o por sus achaques y el hecho de asumir la pérdida de facultades.
Enseñaba prácticas de bienestar y me impresionaba lo sensitivos que son y lo bien que les sienta el ejercicio para cuerpo, mente y espíritu. Y cómo disfrutaban de su vida en lo posible y aprovechaban el tiempo. Fue una experiencia estupenda.

Pará Adumá por el Mundo.