Siguen los problemas en Gaza, muchísimos muertos, terrible, todo terrible, triste; sin palabras pues no hay mucho que agregar, nada logro con escribir un extenso texto explicando las razones (de la palabra razón, o sea de lo racional) que tuvo el ejército de Israel para entrar en Gaza, de nada sirve, es cosa de ver por la televisión que la comunidad internacional pide que el ejército de Israel salga de Gaza cuanto antes, pero nadie entiende las razones por las cuales el ejército de Israel entró a Gaza e insisto del mal intensionado manejo de información de los medios (antisemitismo y antisionismo). El miércoles pasado les contaba de que el Hamás mando 60 proyectiles en un día, y sólo el sábado el ejército de Israel entró a Gaza, sin embargo la cosa "se vende" al revés, como si Israel atacó primero y luego Hamás respondió como reacción, no provocador de los hechos.
Recalco que el Hamás, no los palestinos, dejándo en claro que la desgracia del pueblo palestino sólo está siendo utilizada por los fundamentalistas árabes para enmascarar su ansias de poder y terror a nivel mundial, porque el asunto no una cuestión de territorios exclusivamente sino querer atacar a todo aquel que se oponga y difiera en la divinidad de Alá; por lo tanto Israel en primer lugar luego el mundo entero, como ha sido demostrado en diversos atentados ya mensionados en otra entrada.
Dije que no quería escribir nada y sin embargo lo hago, aunque me produce cierto conflicto interno, del que puedo decir soy consciente y no lo escondo, por un lado estoy triste porque no veo solución inmediata al problema que aqueja a mi pueblo y a los inocentes del pueblo palestino; mas por otro lado, como ser universal entiendo que tengo mucho por trabajar en lo personal, para ir subiendo mi nivel de consciencia y así tener acceso a realidades más amorosas; junto a mí todo mi amado planeta Tierra.
Mi mensaje en éste el último día de Jánuka del año 2008 (5769) es que tenemos que en lo individual ser más amorosos y despiertos para que nuestro planeta no sufra más guerras, para que todos entiendan que estamos en momentos decisivos donde cada acto cotidiano cuenta en la inclinación de la balanza...

Posiblemente el siguiente texto, que es parte del primer libro de la triología "Ami" del autor Enrique Barrios, sea un poco extenso; mas recomiendo que lo lean porque es muy interesante:
"Ami, el niño de las estrellas"
Capítulo 3
No te Pre-ocupes.
— ¿Sabes? aquí “cerquita”, en un planeta de Sirio hay unas playas color violeta, son espléndidas. Ah, si vieras lo que es un atardecer con esos soles gigantes...
— ¿Viajas a la velocidad de la luz?
Mi pregunta le pareció cómica.
— Si viajara “tan lento” me habría hecho viejo antes de poder llegar hasta aquí.
— ¿A qué velocidad viajas entonces?
— Nosotros en general no “viajamos”; más bien, nos “situamos”.
— ¿Qué?...
— Nos “situamos”, simplemente aparecemos en el lugar al que deseamos llegar.
— ¡¿En forma instantánea?!...
— Bueno, algo hay que esperar, los instrumentos de abordo deben efectuar cálculos complejos; pero de un lado a otro de la galaxia tardaría... — tomó su calculadora del cinturón y sacó unas cuentas— según tus medidas de tiempo... una hora y media, y de una galaxia a otra tardaría un poco más.
— ¡Qué bárbaro! ¿Cómo lo consigues?
— El tiempo y el espacio se estiiiiiran y se acooortan... Las cosas no son lo que parecen...
— No te entiendo, sé más claro, por favor.
— ¿Puedes explicar a un bebé por qué dos más dos son cuatro?
— No — respondí— ni yo mismo lo sé.
— Yo tampoco puedo explicarte cosas que tienen que ver con la contracción y curvatura del espacio-tiempo, ni falta que hace. Fíjate cómo se deslizan esas pequeñas aves por la arena, parecen flotar... ¡qué extraordinario!
Ami estaba contemplando unas aves que corrían rapidísimo por la arena húmeda recogiendo algún alimento que las olas depositaban allí. Movían sus patitas tan rápido que no se les veían, y por eso parecían deslizarse o flotar sobre la arena.
Yo recordé que era tarde.
— Tengo que irme, mi abuela...
— No pasa nada; ella todavía duerme.
— Estoy preocupado.
— ¿Preocupado? Qué tontería.
— ¿Por qué?
— “Pre” significa “antes de”, así que yo no me “pre-ocupo”; yo me “ocupo”.
— No te entiendo, Ami.
— No vivas imaginando problemas que no han ocurrido ni van a suceder, disfruta del presente, la vida hay que aprovecharla, elige siempre poner en tu mente lo agradable en lugar de lo desagradable. Cuando aparezca un problema real, entonces simplemente ocúpate de él, pero no te pre-ocupes cuando todo está bien.
— Creo que tienes razón, pero...
— ¿Te parecería bien que estuviésemos preocupados imaginando que podría venir un tsunami y devorarnos? Sería tonto no disfrutar de este momento, de esta noche tan bonita. Observa esas aves que corren sin preocuparse. ¿Por qué echar a perder este momento por algo que no existe?
— Pero mi abuela sí que existe...
— Sí, y no hay ningún problema con ella. ¿No te parece más inteligente disfrutar del momento?
— Sí, pero... estoy preocupado.
— Ah, este incorregible “Mister Paranoia”... Está bien, veámosla.
Tomó su aparato televisor y comenzó a manipularlo. En la pantalla apareció el camino que lleva hacia mi casa. Las imágenes iban avanzando por entre los árboles y las rocas del sendero.
Todo se veía en colores e iluminado como si fuese de día. Penetramos a través de la pared de la casa, apareció mi abuela durmiendo profundamente en su cama, hasta se escuchaba su respiración.
¡Aquel aparato era increíble!
— Duerme como un angelito — comentó Ami riendo.
— ¿No es una película?
— No. Esto es “en vivo y en directo”. Vamos al comedor.
La imagen atravesó la pared del dormitorio y apareció el comedor. Allí estaba la mesa con su mantel de cuadros grandes, y en el lugar que yo ocupo estaba servida mi cena, mi abuela la había dejado en un plato cubierto por otro, invertido.
— ¡Eso se parece a mi “ovni”! — bromeó —. Veamos qué te tienen para cenar — operó algo en el aparato y el plato superior se hizo transparente como vidrio. Apareció un trozo de carne con papas fritas.
— ¡Bof! — exclamó Ami con asco — ¡Cómo pueden comer cadáver!
— ¿Cadáver?
— Cadáver de vaca, vaca muerta. ¿Te vas a comer un pedazo de vaca muerta?...
Así como él lo pintaba me dio asco a mí también.
— ¿Cómo funciona este aparato; adónde está la cámara? — le pregunté muy intrigado.
— No necesita cámara. Este cacharro lanza haces, selecciona y ordena, filtra, codifica, descodifica, amplifica y proyecta. Sencillo, ¿no?
Al parecer se estaba burlando de mí.
— ¿Por qué ahí se ve de día, siendo ahora de noche?
— Hay otras “luces” que tu ojo no puede ver; este aparato sí que las capta.
— ¡Qué complicado!
— Para nada. Yo mismo me construí este cachivache.
— ¡Tú mismo!
— Es sumamente anticuado, pero le tengo cariño. Es un recuerdo, un trabajo de la escuela primaria.
— ¡Ustedes son unos genios!
— Por supuesto que no. ¿Sabes multiplicar?
— Claro — respondí.
— Entonces tú eres un genio, para uno que no sabe hacerlo. Todo es cuestión de grados.
Una radio a pilas o una linterna es un milagro para un aborigen de las selvas.
— Tienes razón. ¿Crees tú que algún día podremos tener aquí en la Tierra inventos como el tuyo?
Se puso serio por vez primera. Me dirigió una mirada que denotaba cierta tristeza y dijo:
— No lo sé.
— ¡Cómo que no lo sabes; tú lo sabes todo!
— No todo. El futuro no lo conoce nadie, afortunadamente.
— ¿Por qué dices “afortunadamente”?
— Imagínate, la vida no tendría ningún sentido si se conociera el futuro. ¿Te gustaría saber de antemano el resultado del partido que estás viendo?
— No, se perdería toda la emoción — respondí.
— ¿Te gusta escuchar un chiste que ya conoces?
— Tampoco, eso me aburre.
— ¿Te gustaría saber qué regalo vas a recibir para tu cumpleaños?
— Eso menos todavía, se pierde la sorpresa.
Me parecía ameno su modo de enseñar, con ejemplos claros.
— La vida perdería todo su sentido si se conociera el futuro. Uno puede solamente calcular posibilidades.
— ¿Cómo es eso?
— Por ejemplo, calcular las posibilidades o probabilidades que tiene la Tierra de salvarse…
— ¡Salvarse!... ¿Tan en peligro estamos?...
— Recuerda la contaminación, el efecto invernadero, las nuevas epidemias, el clima, que se volvió loco, el terrorismo, las guerras, las bombas...
— ¿O sea que podemos desaparecer, como sucedió en los mundos de los malvados?...
— Hay muchas posibilidades. La relación entre ciencia y solidaridad en tu planeta está tremendamente inclinada hacia el lado de la ciencia, de la tecnología, olvidando el corazón, el bienestar y la felicidad de la gente y de las demás criaturas, de la naturaleza entera.
— ¿Y eso es muy peligroso?
— ¡Pero por supuesto! Muchas civilizaciones como esta se han perdido por ese mismo motivo. Ustedes están en un punto crítico de su evolución, son momentos delicados, peligrosos.
Me asusté. Yo no había pensado seriamente en la posibilidad de una tercera guerra mundial, de una amenaza planetaria por parte del terrorismo o de una catástrofe ecológica. Me quedé largo rato meditando. De pronto se me ocurrió una idea fantástica, capaz de solucionar todos los males de este mundo:
— ¡Hagan algo ustedes! — dije entusiasmado.
— ¿Algo como qué?
— ¡No sé, bajar mil naves y decirles a los presidentes que no hagan la guerra y no contaminen, algo así!
Ami sonrió.
— Imposible.
— ¿Por qué?
— Tenemos varias buenas razones para no interferir en la evolución de este mundo o de cualquier otro.
— Dime una al menos.
— Bien. UNA: Si hiciéramos algo como eso, en primer lugar habría mucho terror, infartos, paranoia colectiva, por culpa justamente de esas películas de invasores que nos pintan como si fuésemos unos sapos horribles y malvados, y nosotros no tenemos corazones de piedra, no podemos provocar algo semejante.
— Bah... No creo que sea para tanto, ya la gente está preparada. Pienso que si deciden bajar en un parque de cualquier ciudad y emiten una declaración amistosa...
— Bien, es verdad que debido a todo lo que hemos trabajado para ir facilitando un acercamiento, ya no sería tan grave, pero igual no podemos hacerlo porque todavía existen millones de personas que entrarían en pánico. Además, en esa declaración amistosa tendríamos que decirles que no somos partidarios de las armas, y, DOS: Si les dijésemos por ejemplo: “transformen sus armas en instrumentos de trabajo”, pensarían que es un plan extraterrestre para debilitarles y luego dominar el planeta.
— Creo que... que sí.
— Y supongamos que lleguen a comprender que somos inofensivos, de todos modos no soltarían las armas.
— ¿Por qué?
— Porque tendrían temor de los otros países. ¿Quién va a desarmarse primero?
— ¡Pero tienen que tener confianza!
— Quienes dirigen a las naciones de este mundo no pueden tener demasiada confianza en los demás gobernantes, y con razón, porque algunos no son muy fraternales ni honestos y tienen ganas de dominar todo lo que puedan, así que, TRES: Si nosotros colaboramos en el desarme de un país, podríamos estar metiendo la pata a fondo, dejándolo a merced de vecinos poco fraternales.
Mejor no meterse en eso, ¿no te parece?
Yo estaba realmente intranquilo. Seguí buscando una solución para evitar la guerra y salvar a la humanidad...
Después de mucho pensar, lo único que se me ocurrió fue que los extraterrestres podrían por la fuerza tomar el poder en la Tierra, destruir las bombas y las fábricas que contaminan y obligarnos a vivir en paz. Se lo dije.
Cuando terminó de reír aseguró que yo no podía dejar de ser terrícola para pensar, y que todavía tenía ganas de sepultar vivos a todos los malvados del mundo, igual que en mis fantasías infantiles.
— “Por la fuerza, destruir, obligar”, todo eso es prehistoria para nosotros. La libertad humana es algo sagrado, tanto la nuestra como la ajena, cada persona es valiosa y su voluntad es respetada; hacer otra cosa sería violencia, palabra que proviene de “violar”, lo cual es algo completamente opuesto a nuestro espíritu.
— ¿Entonces ustedes no hacen la guerr...?
Todavía no terminaba de hacer esa pregunta cuando me sentí tonto por haberla hecho.
Me miró con cariño y poniendo su mano sobre mi hombro, dijo:
— Nosotros no podemos hacer ninguna guerra, Pedro.
— ¿No?... ¿Por qué?
— Porque amamos.
— No comprendo... ¿A quién aman?
— A todos, a todo, a la gente, a la naturaleza, a los animales, a la vida. Quien ama no puede hacer daño a aquello que ama, así que olvídate de guerras o invasiones de parte nuestra. Nosotros no estamos aquí para destruir ni para hacer sufrir a nadie sino para construir y ayudar.
Me sorprendió mucho su respuesta, esa gente era increíble de buena. Él se puso a reír al percibir lo que yo pensaba.
— No somos buenos sino normales; los que no son tan normales son los de por aquí...
— ¿Nosotros? ¿Por qué?
— Porque están un poco locos, claro; no viven de acuerdo a las leyes naturales, que son un reflejo de la Voluntad de quien inventó todo esto. ¿Has visto alguna otra especie, aparte de la humana, que se dedique a hacer guerras contra otros de su misma especie?
Luego de pensar un poco dije que no.
— ¿Ves? Eso es locura, igual que dañar a la naturaleza, cosa que tampoco, ninguna otra criatura hace; pero a ustedes les parece normal porque no viven de acuerdo a las leyes universales o naturales. Algunos tan locos están que ni siquiera creen que existe una inteligencia y un propósito preciso detrás del Universo.
Supe que hablaba de Dios, y yo era creyente... bueno, un poco; pero me habían enseñado a tener más miedo que otra cosa; además últimamente estaba dudando, estaba llegando a pensar que sólo los religiosos creían en Dios, y también la gente sin mucha cultura, porque tengo un tío que es físico nuclear de la universidad y dice que “a Dios lo mató el intelecto”.
— Tu tío es un tonto — aseguró Ami sonriendo, después de percibir mis pensamientos.
— No me parece; está considerado como uno de los hombres más inteligentes del país.
— Es un tonto — insistió —. ¿Puede una manzana matar al manzano? ¿Puede una ola matar al mar?
— Yo había pensado que…
— Te equivocaste. Dios existe.
Me puse a pensar en Dios un poco arrepentido por haber puesto en duda su existencia.
— ¡Oye, quítale la barba y la túnica blanca!
Ami reía porque había visto mis imágenes mentales.
— Entonces… ¿no tiene barba; Dios se afeita?
Mi amigo espacial se regocijaba con mi confusión.
— Ese es un dios demasiado terrícola — comentó.
— ¿Por qué?
— Porque tiene la apariencia de un terrícola.
¿Qué me estaba queriendo decir, que Dios no tiene apariencia humana sino de alguna raza extraterrestre? Él se enteró de lo que yo pensaba, después de reír tomó una ramita y dibujó una figura humana sobre la arena.
— En mundos como el tuyo o el mío, y en otros parecidos, el modelo humano básico es el mismo, o sea, cabeza, tronco y extremidades, pero hay pequeñas variaciones en cada uno: altura, color de la piel, forma de las orejas; pequeñas diferencias. Aquí mismo las hay entre los distintos
tipos humanos de este planeta.
— Es verdad, pero tú pareces un chico terrícola normal. ¿Cómo es posible?
— Yo parezco terrestre porque la gente de mi planeta se parece mucho a los niños de la Tierra, por eso justamente estoy en misión aquí, para no asustar a nadie con mi aspecto, aunque ya no soy un niño, por eso tengo el pelo blanco. Pero en otros mundos sus habitantes tienen formas
diferentes, de acuerdo a las características del planeta; por ejemplo, en mundos en los que sólo hay agua, ¿para qué necesitarían piernas? Allí la gente tiene forma de pez, porque es lo que conviene a las circunstancias, lo más práctico.
— ¡Como las sirenas!
— Algo así, pero Dios no tiene la cara ni la forma de un hombre de tu mundo o el mío ni de ningún otro mundo del Universo.
— ¿No?... ¿Y cara de qué tiene entonces?
— Ven, vamos a pasear y te explico.
Comenzamos a caminar por el sendero hacia el pueblo. Puso su brazo sobre mi hombro, entonces sentí en él al hermano que nunca tuve. Unas aves nocturnas pasaron graznando a lo lejos.
Ami pareció deleitarse con esos sonidos, aspiró el aire marino y dijo:
— Dios no tiene apariencia humana, no tiene forma alguna, no es una persona como tú o yo. Es un Espíritu, un Ser infinito que lo penetra todo, que es pura inteligencia creadora, puro amor.
Su rostro brillaba en la noche al hablar del Creador, lo cual lograba emocionarme, a pesar de que no soy del tipo religioso.
— ¡Ah!
— Por eso el Universo es tan maravilloso.
Yo pensé en los habitantes de los mundos atrasados que él había mencionado antes, y también en la gente mala de este mismo planeta, en esos que habría que echar a un pozo bien hondo, y no me pareció que el Universo fuese algo tan maravilloso después de todo.
— ¿Y los malos?
— Ellos llegarán a ser buenos algún día.
— Mejor hubieran nacido buenos desde el principio, así no habría nada malo por ninguna parte.
— Si no se conociera lo malo, ¿cómo se podría disfrutar de lo bueno; cómo se podría valorar? — preguntó Ami.
— No entiendo bien.
— ¿No te parece magnífico poder mirar, ver?
— No sé, nunca lo había pensado… creo que sí.
— Si hubieras sido ciego de nacimiento y de pronto adquirieras la vista, entonces sí que te parecería magnífico poder ver.
— ¡Ah, claro!
— Es igual que quienes han vivido existencias duras, violentas; cuando se superan y alcanzan una vida más armoniosa y pacífica la valoran mucho más, porque lo que cuesta conseguir se cuida más que lo que llega sin esfuerzo. Es lindo avanzar, ir superándose, aprendiendo a solucionar los problemas y crecer en todo sentido, eso produce orgullo sano. En cambio quienes nacieron sin problemas no pueden valorar adecuadamente lo que tienen.
Íbamos caminando por el sendero iluminado de luna y bordeado de árboles, plantas y follaje. Pasamos por mi casa.
— Espérame aquí un momento.
Entré silenciosamente a buscar una prenda de lana para abrigarme. Vi mi plato cubierto esperándome sobre la mesa. Me sentí poderoso porque ya sabía lo que había en él sin necesidad de retirar el plato superior, pero me entró una pequeña duda y eché un vistazo para cerciorarme: sí, era lo mismo que había visto a través del pequeño televisor de mi amigo, pero yo no tenía hambre todavía. Volví al lado de Ami, continuamos caminando y conversando. Aún no aparecían las primeras calles del pueblo ni las luces del alumbrado público.
Él lo contemplaba todo mientras hablaba.
— ¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? — me preguntó de improviso.
— No, ¿qué?
— Estás caminando, puedes caminar.
— Ah, sí; claro, ¿y eso qué tiene de extraordinario?
— Para ti nada, pero hay quienes han sido inválidos y luego de meses o años de ejercicios de rehabilitación lograron volver a caminar. Para ellos sí que es extraordinario poder hacerlo, y lo agradecen, lo disfrutan; en cambio tú caminas y miras sin darte cuenta de nada, sin encontrar nada especial cuando lo haces.
— Tienes razón, Ami. Tú me enseñas muchas cosas nuevas, gracias.
— ¡De nada, señor! Para eso estamos aquí — dijo alegremente mientras me guiñaba un ojo.
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Otro enlace interesante: Por la Paz.
Y por último algo extra que no tenía programado, pero me acordé ahorita, que la disfruten y escúchenla muy atentamente:





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