viernes, 24 de julio de 2009

El otro extremo.

El Maestro no sabía muy bien como dirigirse a su discípulo, guardó silencio por cuarenta minutos, mientras contemplaba el rostro de su querido alumno, obserbándole se percató que no había otra vía sino que la de ser directo, por fin rompió el silencio.

- Hijo, nuestro gran Maimónides nos enseñó, en el Mishné Torá, que debemos buscar el otro extremo para salir de actitudes que no nos dejan fluir, actitudes que lejos de ayudarnos a enriquecernos como seres humanos, nos denigran y desfavorecen.
He visto como los demás chico abuzan de ti al pedirte cuanto favor se les ocurre y tú, sin ninguna objeción dices sí a todo, concediendo todo, aceptando bastante, siempre diciendo sí. No es normal, pues pareces correr en busca de complacerles y hay momentos en los que he visto que no recibes la respuesta a esos favores como te lo mereces; pierdes, incluso, tu propia dignidad.

- ¿Pero rabino, por qué me dice eso? ¿No es que debo amar a mi prójimo como a mí mismo? ¿Ocurre, entonces, que es incorrecto decir siempre sí?

- Hijo mío, hay que saber a quién y cuándo ayudar. Es bueno decir sí, siempre es bueno ayudar, pero en tu caso, haz llegado a un límite donde debes parar, revisar en tu interior si realmente estás ayudando a tus compañeros con tu buena voluntad, o tal vez lo que provocas es que les permites caer en actitudes que no les supera como los seres humanos que son, responsables de sí mismos.

Al ver el rabino que el muchacho lo mira sin comprender, notando en sus ojos la tormenta de la contradicción, continúa.

- Querido, tranquilo, todo lo que te digo es para que medites; sí, es bueno que te des cuenta que tus compañeros incluso se han burlado de ti, de tus atenciones para con ellos, y no lo valoran, no me niegues que en tu corazón crees no recibir a cambio lo que realmente vale tu tan sincero sí.

- ¿Y qué puedo hacer?

- Simplemente decir no, desde ahora en adelante, pensar en lo que tú sientes, en que si te hace bien, o simplemente decir no.

El alumno se sintió confundido con la plática de su maestro, no sabía qué pensar, todo aquello rompía con todos sus esquemas de cooperación y atención hacía su prójimo; en su léxico no figuraba la palabra no, es decir, la usaba, mas no para negar un favor a un semenjante, siempre toda su vida había dicho a alguna petición de cualquiera. Sus ojos delataban preocupación, sólo pensar que la próxima vez que alguien le pidiera un favor debía usar un no, que debía hacer según el pedido de su guía espiritual.

Irse al otro extremo, bien sabía que la lección del Rambam: decir no era una opción temporal; debía decir no hasta acostumbrarse y superarlo, para luego volver poco a poco al sí, hasta encontrar el punto medio.

En su corazón de muchacho había aprendido que si prestaba un favor la gente lo miraba con buenos ojos, notó que así se hacía querer y desde temprana edad ese fue su modus operandi, pero debía reconocer que su rabino tenía razón, porque últimamente, cada vez que hacía un favor terminaba sintiéndose mal, porque la respuesta de sus compañeros no era la más amable, sabía muy bien que su maestro le hacía recordar los consejos de Moisés ben Maimón para su propio bien, para así lograr el equilibrio, entonces dejar de sentirse mal consigo mismo y por sobre todo ganar respeto el respeto de sus semejantes y más amor propio.

El maestro después de otro breve silencio, sabiendo que su discípulo tenía el corazón latiendo a mil y seguramente su mente angustiada, le preguntó firme y determinante:

- ¿Has entendido?

El joven mirando a su rabino directamente a los ojos, después de una pausa, respondió:

- No, maestro.

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Nota: El relato fue escrito por Milo Mijael en el año 1998.

viernes, 10 de julio de 2009

99% Hombre.


El proceso de salir del armario está siendo, en mí, un proceso lento, mucho más lento del que yo pensaba; decir que hay momentos en los que me siento con un pie adentro y otro afuera, siendo tibio (ni frío ni caliente, ni fu ni fa, ni chicha ni limoná) y realmente me molesta un poquito el como se están dando las cosas, pero por otro lado me digo: "Milito, tienes que estar tranquilo porque hay avance, poquito, pero estás avanzando, vamos sin apuros y sin pausa".

Debo confesar que en este tiempo en que decidí seguir lo que mi corazón dice, buscando el equilibrio entre lo que mi mente también aporta a lo que se va "cocinando por dentro", he constatado en carne propia que no es fácil esto de ir mostrando a los que más quiero mi verdadera inclinación sexual, y es que a veces logro darme cuenta que uno le cuenta a la gente (ojo, que a la gente que uno quiere, que le tiene cierto respeto y buenos sentimientos, a la gente más cercana) y estos lo único que hacen, entre bromas y entre no tan bromas, es ir recordándote que eres "puto", "mariquita", etc. en difinitiva que "eres diferente", que "no eres igual", ya sea directa o indirectamente; y muchas veces te hablan del tema como si tuvieras que tener vergüenza de ser homosexual, y esto duele.

Hace unos días hablaba de temas relacionados con el sexo con mi compañero de piso, Denny, y entre conversa y conversa me salió que nosotros los gays, no somos cien por ciento hombres. Lo paré enseguida y le pedí que me explicara eso que me estaba diciendo. Dijo que al momento de que me gustaban los hombres yo ya dejaba de ser un hombre realmente hombre, directamente aseguró que yo no era hombre, entonces le dije si me lo podía explicar en porcentajes, así como bromeando, y le lancé:

-"¿O sea, que tú crees que yo soy un 99% hombre?" y su respuesta fue rotunda:

-"Sí, eres un 99% hombre".

-"¿Pero por qué?", le pregunté.

-"Porque no te gustan las mujeres y para ser hombre tienen que gustarte las mujeres".

Entonces le dije que su opinión era tan machista, tan arcaíca y anticuada; llegó a decirme que buscara en un diccionario, y que ahí me daría cuenta que "por definición" yo no soy hombre. Le rebatí que no estaba de acuerdo, porque para mí ser hombre no pasa por eso de con quien te vas a la cama, que creo que él está mal informado, sin tomar en cuenta que no tiene la culpa de cómo lo educaron.

Le explique que simplemente hay hombre que gustan de hombres, hombres que gustan de mujeres, pero que en ambos casos son hombres; que hay mujeres que gustan de mujeres, mujeres que gustan de hombres, pero que en ambos casos son mujeres. Me fui por la onda teológica: "Hombre y mujer los creó", que así dice en el Génesis.

Reconozco que hubo momentos en los que se contradecía en su discurso, incluso que llegó a entender mis puntos de vistas, llegó a decir que no los había visto de aquella manera. Sin embargo creo que después de unas horas él sigue creyendo que yo no soy 100% hombre. Allá él.

En lo personal pienso que tanto emocionalmente como psicologícamente, incluso fisilógicamente, funciono como hombre.

Emocionalmente, porque reacciono bastante mejor que muchos hombres ante situaciones de adaptación al medio, ante situaciones de estrés, de frustración cuando algo no les va bien (tengo buena Inteligencia Emocional) descubro que hay hombres que no logran controlar sus reacciones explotando de manera brusca y grotesca, y eso no es ser "100% hombres", eso es simplemente ser "trogloditas", pero en ningún caso hombres. Tal vez no viene al caso, pero hay muchos "hombrecitos" que al ver películas pornos, se sienten realmente "machos" al ver el trato vejatorio que se les da a aquellas mujeres en aquellas películas, me pregunto ¿es ese el concepto de un "hombre" al tratar a una mujer en la cama?

Psicológicamente, porque no veo que mi psique sea distinta por el sólo hecho de que gusten los hombres, aquí no voy a entrar a explicar eso del cerebro con sus hemisferios derecho e izquierdo, y de aquellos de hacer dos cosas a la vez, pero basándome en esas teorías, de hecho siento que aquí al contrario de ser un 99%, logro tener más de un 100% de hombre por aquellas "cosillas" que "los machitos" no tienen, y eso me hace mejor persona, como por ejemplo, un macho va directamente a la meta, mientras que una hembra se preocupa por el proceso; yo me fijo en la meta y siempre la estoy viendo, pero no por eso descuido el proceso en el camino, me importa muchísimo el cómo hacer para llegar a una meta sin dañar a mi entorno, mientras que hay "hombrecitos" que nada ni nadie les importa.

Fisiológicamente, porque si quiero podría ser papá, y con todas las de la ley (qué mejor ejemplo que este); y aquí tal vez caigo en una bisexualidad, pero no lo creo porque para mí el haber entendido que soy gay es porque "mi preferencia" va por los hombres, pero funciono muy bien con una mujer (y me atrevería a decir que mejor que algunos "machitos").

Ese día quedé bastante pensativo por la conversación con Denny, hubieron cosas que les dije que en un momento entendió que está errado en su concepto, que no por ser gay dejo de ser hombre y que ser hombre no tiene que ver por tu preferencia sexual, que quien se guía por ese concepto está cayendo en machismo, pero por lo mismo no es objetivo. Le di el ejemplo de una amiga lesbiana que tengo, ella es madre (yo hubiese querido tener una madre así) y nadie diría que es lesbiana si no la vieran en la calle tomada de la mano de otra mujer, pero para el caso se comporta incluso más femenina, cuidadosa en su aspecto, es muy delicada, pero no porque tiene una pareja de su mismo sexo deja de ser mujer.

Sin embargo no puedo decir lo mismo de ciertos "hombrecitos" en muchas cosas se comportan incluso más "maricones" que muchos gays, porque cuando tienen que responder como lo que son: "hombres", son tan cobardes, tan "poco hombres", que un gay termina siendo más hombre que cualquiera de los que se jactan de serlo, llegando a ser muchísimo mejor persona al fin y al cabo.

En fin, no será fácil ir escuchando cosas como estas, pero en definitiva lo que tengo que hacer es seguir adelante, entender que ante todo soy persona y que valgo por cosas muchos más importantes que con quien me voy a la cama.
  • Nota: Hombre: Definición RAE (Al parecer no tenemos el mismo diccionario, porque en ninguna parte aparece aquello que para ser hombre te tiene que gustar una mujer)

jueves, 2 de julio de 2009

34.-

Hoy es mi cumpleaños.

34 vueltitas al Sol ha dado mi cuerpo por estos rincones de este universo, y mi alma milenaria busca acordarse de ese ser que Yo Soy.

Aquí va un poema que escribí hace unos años, cuando comenzaba a intuir que el camino hacia mí Ser Verdadero recorre el sendero del Amor Propio.

Aunque sea difícil recordarlo siempre, comprendo que si yo no me Amo, ¿Quién lo hará por mí?


Para mí

Quizá no esté enamorado,
tal vez a nadie ame
o nadie me
ame a mí,
pero a ti sí te quiero.
Cada mañana,
dulce y tierno,
al abrir los ojos,
al abrirlos y ver los tuyos;
consuelo a mi alma,
alma no ilusionada;
esperando nada.
El día me espera,
al igual
que tú;
quizá al verte de nuevo
descubra algo distinto,
aunque
espero lo mismo.
Sin ilusión me levanto,
y allí estás
la imagen
venerada,
cada mañana
al verme frente al espejo.

Milo Mijael

Este tema es como mi himno, su letra me da mucho ánimo

porque describe muy bien mi mayor anhelo en esta vida.

Pará Adumá por el Mundo.