jueves, 17 de diciembre de 2009

Magia. Entre Magos.

Hoy se enciende la séptima vela de Jánuka, y la enciendo por:

LA MAGIA
esa que viene del nuestra divinidad,
de nuestro Ser Superior,
del descubrir quién realmente somos.
Cualidad concedida
después de la búsqueda
exhaustiva del camino,
de dejar atrás el olvido;
cuando comienzas a ser responsable
y consciente
de tus pensamientos,
sentimientos y acciones.
Cuando comienzas
a elegir en qué mundo vivir
y trabajas por ello.

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Entre Magos.

..."Erase un rey que adoraba a su hijo y lo educaba con la didáctica más esmerada.
El rey le enseñó que no existen las islas, que no hay Dios, y que tampoco existen sirenas de mar. El hijo aprendió eso y todo lo demás que su padre le había enseñado.
Cuando creció, su padre lo envió a recorrer el mundo para que acrecentara sus conocimientos y su experiencia de la vida.
Navegando por los mares el barco del príncipe fue a recalar en un grupo de islas cerca de Australia. Ahí se detuvieron.
El príncipe descendió con su cortejo. Un hombre grande con un manto negro de mangas anchas, blancas por dentro, salió a su encuentro.
- "¿Qué es esto?" - preguntó el príncipe.
- "Una isla" - respondió el hombre.
- "¿Y tú quién eres?"
- "Yo soy Dios" - dijo el hombre.
El príncipe miró a su alrededor. De pronto avistó, entre la vegetación, mujeres hermosas, con la mitad de cuerpo en forma de pez.
- "Y ésas quiénes son?"
- "Son sirenas" - respondió el hombre.
- "No puede ser. Me has mentido. MI padre me enseñó que no hay islas ni Dios ni sirenas".
- "Vuelve a tu casa y dile a tu padre que él te ha mentido. Dile que lo has visto todo con tus propios ojos y repróchale a él su mentira".
El príncipe regresó a su casa. Corriendo fue a ver a su padre y con furia le gritó:
- "¡Padre, ¿por qué me has mentido?! En mi viaje encontré islas, sirenas, y también a Dios".
- "¿Quién era Dios?"
- "Era el hombre que estaba en la isla"
- "No era Dios. Era un mago. Te engañó con su magia, hijo. Ahora vuelve y dile que es un mago, y que es un mentiroso".
Cuando el príncipe retornó a la isla le dijo al hombre:
- "Mi padre me dijo que eres un mentiroso, que eres un mago, y que todo lo que has hecho son trucos de ilusión que..."
Estaba tan enojado que las palabras lo asfixiaban y no podía terminar de hablar. El hombre sonrió con dulzura.
- "Esta vez tu padre te dijo la verdad".
Es cierto , soy un mago. Pero...
- "¿Pero qué?" - gritó el muchacho, ansioso, angustiado.
- "Pero hay algo que tu padre no te dijo, que también él es un mago..."
Desconcertado, cabizbajo, hundido bajo su perplejidad, retornó el príncipe a su casa y le contó a su padre lo que le había el mago.
- "¡Dice que también tú eres un mago!"
- "Es cierto, hijo, es cierto..."
- "Entonces - exclamó con la voz teñida de llanto -, entonces no hay islas, no hay Dios, no hay sirenas, lo he perdido todo, todo..."
- "No, hijo, no lo has perdido. Estás creciendo. Hasta ahora viviste en el mundo construído por mí. Ahora tendrás que ser tú mismo un mago, y de tu magia dependerá el mundo que tengas..."

(Jaime Barylko, "Los Hijos y Los Límites")

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Pará Adumá por el Mundo.